CUERPO Y ALMA

Si el fuego está con vos
es precisamente porque sos de agua
de un agua sacachispas y avivallamas
de un agua que moja pero no apaga
de un agua entrañable por ser de tu entraña
memorable, besable y secagargantas
de un agua que es dulce y salada
de saliva, de sudor, de lágrimas y
de otros afluentes que suben y que bajan
de un agua blanca, transparente y apielada
de un agua que embriaga si no se la bebe
pero que con un sorbo basta
para beberse la vida y vencer a la muerte.

Si el agua está con vos
es precisamente porque sos de fuego
de un fuego húmedo y chorreante
que gotea por las canillas de tu cuerpo
quemando toda mi agua entrañable
de un fuego de deshielo, fresco y suave
que calma la sed y enciende los mares
de un fuego para beber de tus manos
de un fuego que inunda, de un fuego que riega
de un fuego tormentoso y navegable
que recién cuando se apaga incendia y arde
pero que una chispa basta
para iluminar la vida y arrasar el desastre.

Así como el amor cuando es amor,

cuerpo y alma.




PALABRA DE AMOR

Bienvenido
me dijo en mayúscula
y acelerada imprenta
de pulso emocionado.
Bienvenido a este encuentro
de maravillas y espantos
de tinta, papel, tiempo
con aromas de razones y emociones.
Anudame
me susurró en minúscula intimista,
anudame a la melodía inconmensurable
del misterio y sus brotes
y haceme cantar algo,
alguito,
de las historias de la historia
que sean espejos
que muestren algo,
alguito,
de todos los sueños y desvelos.
Musicame
me tarareó silabeando,
musicame para hacer bailar
lento y pegaditos
al corazón con las manos
y a las entrañas con las cuerdas
para que resuenen y revibren
haciéndose canción de los suspiros.
Llevame al rincón del reloj,
compañero y asesino,
para hacerle trampa sin detenerlo
y juguemos a que los años vividos
y las horas por venir
son sólo hoy
para que ahora sea
sólo para ser.
Dejá que anide por un rato,
me pidió,
con un par de compañeras,
hermanas y primas lejanas,
que van y que vienen
que fueron y viajan
trayendo y llevando
mucho para decir
o algo por callar
y al final del callejón
le susurre al viento de salida
el destello de una hermosura.
Desanudame,
me pidió,
desanudame del hielo
y las ausencias,
de lo que fue y los que fueron,
de lo que pudo ser
con aquellos que no pudieron
y hacé conmigo el dibujo colorido
del sonido “nunca”.
Dejame nombrar al silencio,
me suplicó,
para pasear con los fantasmas
de la amargura y sus lemas
por los pentagramas con corcheas
y hacer música
o magia
o algo parecido,
hamacando lápices y cuadernos
para salir intacto
de la fogata del odio,
el terror y el miedo,
dándole cuerpo
a lo manido
de la libertad, la justicia,
el amor y su grito.
Sacame de los arcones del olvido
y de las bocas escandalosas
que se llenan conmigo
para la nada misma,
el opio
y las excusas oprobiosas
del lavamanos y el vacío.
Desespero en tu angustia
para que me pongas en tus labios
y me beses y sonrías;
izo mi bandera en tus manos,
las valientes,
para que rompas las sombras
con la plasticidad del oleaje
del mar de la creación.
Oracionemos el dolor
y la alegría
para fundir el lento
compás de la telaraña
y con los ecos de las derrotas
hacer luz de mediodía.
Amame,
me pidió,
amame porque soy
la sangre de tu alma,
la que te nombró antes de que seas
y te sostendrá en las centurias interminables
con consonantes y vocales
que todo lo acarician y remedian.
Encarname,
pidió al fin,
para que me haga en vos
y vos en mí
entonces, al morir,
seamos una palabra eterna,
no de lápida
ni de discurso
sino palabra eterna.

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